¿Qué es el amaranto y por qué lo encuentras fácilmente en tu jardín?
Quizá lo has visto crecer espontáneamente entre tus plantas o en los bordes del camino, con espigas verdes o rojizas y hojas anchas. Aunque a menudo es confundido con una simple hierba, el amaranto (Amaranthus spp.) ha sido parte importante de la dieta mesoamericana por siglos. Esta planta robusta y adaptable prospera en suelos pobres y resiste sequías, lo que la hace especialmente abundante en muchos jardines mexicanos. Sus hojas tiernas, conocidas como quintoniles, y sus pequeñas semillas han sido valoradas tanto en la alimentación diaria como en antiguos rituales.
El perfil nutricional del amaranto: mucho más que una hierba
El amaranto destaca por su impresionante valor nutricional. Las semillas poseen entre 14 y 17% de proteína, superior a la de muchos cereales tradicionales. Se considera proteína completa porque contiene todos los aminoácidos esenciales, incluido uno poco común en granos como el arroz o el trigo: la lisina. Una sola porción cocida de amaranto puede aportar más del 100% de la ingesta diaria recomendada de manganeso, además de ser fuente importante de magnesio, fósforo, hierro y fibra. En cuanto a las hojas, aportan vitaminas A, C, K, así como calcio y hierro, sumando ventajas adicionales a tu dieta cotidiana.
Beneficios potenciales para la salud
Estudios preliminares señalan que incorporar amaranto puede ayudar a distintos aspectos del bienestar: algunos reportes con animales sugieren que ayuda a mantener el colesterol en niveles saludables; contiene compuestos antioxidantes que pueden combatir el estrés oxidativo, y su alto contenido de fibra apoya la digestión y promueve la saciedad. También es rico en minerales clave para huesos y energía. Como pseudocereal libre de gluten, es práctico para personas que deben evitar esta proteína. Es importante destacar que estos beneficios se observan en el contexto de una dieta equilibrada y hábitos generales de vida saludable.
Comparación rápida con otros alimentos
- Proteína: más completa en amaranto que en trigo o arroz
- Lisina: presente en mayor cantidad que en la mayoría de cereales comunes
- Minerales como hierro y calcio: superan a muchas verduras de hoja
- Fibra: contribuye al tránsito intestinal y la saciedad
Cosechar y usar amaranto en casa de forma sencilla
Para aprovechar esta planta silvestre, primero asegúrate de identificar el amaranto comestible: busca hojas alternas, tallos rojizos y espigas densas de flores. Es recomendable distinguirlo de otras especies potencialmente tóxicas. Para empezar:
- Cosecha las hojas más jóvenes (las superiores) y lávalas muy bien
- Cocina las hojas al vapor o saltéalas como si fueran espinacas durante 5-10 minutos
- Deja madurar la espiga para recolectar las semillas, que deben hervirse en una proporción de 1 parte de semillas por 3 de agua durante unos 20-25 minutos
- Incorpora las hojas a sopas, ensaladas o smoothies; utiliza las semillas en porridges, panes o como topping en yogur
Empieza con porciones pequeñas y observa cómo responde tu cuerpo. Si es la primera vez que consumes esta planta, introduce la fibra de manera gradual para evitar molestias digestivas. Lava siempre bien las partes que recolectes del jardín y consulta con tu médico si tienes condiciones de salud particulares.
Preguntas frecuentes sobre el amaranto de jardín
¿Son comestibles las hojas y semillas del amaranto que crece en casa?
Sí, siempre que pertenezcan a especies comestibles, como Amaranthus cruentus o hypochondriacus. Identificación y preparación correcta son clave.
¿El amaranto es bueno para la digestión?
Su contenido de fibra puede favorecer la regularidad intestinal si se integra como parte de una alimentación variada.
¿El amaranto es mejor que otros cereales?
Proporciona más proteína completa y algunos minerales respecto a cereales como el arroz o el trigo. Lo más saludable es alternarlo con otros alimentos en la dieta.
Recomendación: Esta información es educativa y no sustituye el consejo de un profesional de la salud. Si tienes dudas sobre cambios importantes en tu dieta o presentas molestias persistentes, consulta a un médico o nutricionista.


