La importancia del equilibrio en la tercera edad
Con el paso de los años, el cuerpo atraviesa cambios naturales que pueden afectar la seguridad al caminar y moverse. Perder el equilibrio no debe considerarse un signo de debilidad, sino un resultado esperado del envejecimiento junto con ciertos hábitos cotidianos que, en muchos casos, pasan desapercibidos. Identificar y corregir estos pequeños errores puede contribuir significativamente a reducir el riesgo de caídas.
Hábitos diarios que pueden influir en la estabilidad
Falta de actividad física regular
La disminución del ejercicio diario es uno de los principales factores que puede restar estabilidad. Mantenerse activo puede ayudar a conservar la fuerza muscular y la flexibilidad de las articulaciones. Incluso actividades suaves como caminar, estiramientos o ejercicios de equilibrio realizados con frecuencia pueden marcar la diferencia en la seguridad y movilidad.
Escoger el calzado adecuado
El uso de zapatos inadecuados, ya sean flojos, desgastados o que no sujeten correctamente el pie, puede incrementar el riesgo de tropezar o resbalar. Optar por calzado cómodo, firme y apropiado para el uso diario es fundamental para conseguir una pisada estable y segura.
Supervisar el entorno en casa
La mayoría de caídas en personas mayores suceden dentro del hogar. Es importante prestar atención a factores como alfombras sueltas, cables en el suelo, muebles mal colocados o zonas con poca iluminación. Mantener el espacio ordenado, bien iluminado y libre de obstáculos puede disminuir notablemente los incidentes relacionados con la inestabilidad.
Evitar movimientos bruscos al levantarse
Levantarse repentinamente tras estar sentado o acostado puede provocar mareos leves y falta de equilibrio durante unos segundos. Adoptar el hábito de incorporarse de manera pausada y permitir que el cuerpo se estabilice antes de caminar es aconsejable para reducir este tipo de situaciones.
Prestar atención a la hidratación
La sensación de sed suele disminuir con la edad, pero no por ello se debe descuidar la ingesta de líquidos. Una hidratación insuficiente puede asociarse a fatiga, mareos y una sensación general de inestabilidad. Beber agua con regularidad, aunque no se tenga sed, puede ayudar al bienestar general y a una mayor seguridad al moverse.
Un enfoque preventivo para una mayor seguridad
Muchos problemas de equilibrio en la tercera edad se relacionan con hábitos diarios que pueden modificarse fácilmente. Hacer pequeños ajustes, como mantener alguna actividad física, elegir el calzado adecuado y revisar el entorno doméstico, puede ayudar a preservar tanto la calidad de vida como la confianza al desplazarse.
Ante síntomas persistentes o caídas frecuentes, es recomendable consultar a un profesional de la salud para una evaluación personalizada y orientación adecuada.


